Envidiosa, entre la histeria y el amor

Histeria, amor, deseo y goce en el torbellino vital de Vicky Mori

Envidiosa, la serie argentina de Netflix creada por Nicolás Marina y Marcelo Piñeyro, nos sumerge en el caos encantador de Victoria “Vicky” Mori (Griselda Siciliani) y su torbellino emocional, una mujer al borde de los 40 que enfrenta una ruptura devastadora con Daniel (Martín Garabal) y la presión social de ver a sus amigas —Carolina (Pilar Gamboa), Lu (Violeta Urtizberea)— avanzar hacia el matrimonio mientras ella se ahoga en envidia y anhelos insatisfechos. Con un elenco que incluye a Esteban Lamothe (Matías), Benjamín Vicuña (Nicolás) y otros, esta comedia romántica con tintes dramáticos es un banquete para el psicoanálisis lacaniano. Desde la histeria freudiana hasta las fórmulas de la sexuación y el sinthome, exploraremos el amor, el deseo, el goce, los encuentros y desencuentros, el lazo con el Otro, la feminidad y el feminismo. Con un aire romántico y un dejo juguetón, este análisis se extiende para desentrañar el alma de Vicky.


 Freud y la histeria: Vicky, un cuerpo que habla lo que calla

 Sigmund Freud nos ofrece una lente inicial para entender a Vicky Mori: la histeria como un teatro del deseo reprimido que se expresa en el cuerpo (Freud, 1905/1986). En el episodio 1, cuando Daniel la abandona tras diez años con la excusa de su “fobia al compromiso”, Vicky colapsa en una boda ajena: llora descontroladamente, se tambalea entre los invitados y termina derramando una copa de vino sobre su vestido blanco, un despliegue teatral que Freud reconocería al instante. Este síntoma no es solo dolor; es una pregunta al Otro: “¿Qué soy para ti ahora que no soy nada para el?”. Freud lo describe en Tres ensayos sobre teoría sexual: el histérico convierte el conflicto interno en un mensaje físico, un grito mudo que interpela al partenaire (Freud, 1905/1986, p. 145). Silvia Tendlarz amplía esta idea: “La histérica hace del cuerpo un escenario donde el deseo del Otro se pone en juego, pero también goza de su propia insatisfacción” (Tendlarz, 2005, p. 45). En el episodio 4, cuando Carolina anuncia su boda, Vicky responde con un ataque de envidia que culmina en una migraña incapacitante: se encierra en su baño, se mira al espejo y murmura “¿por qué no yo?”. Este sufrimiento no es gratuito; es un goce masoquista, como señala Tendlarz: “La queja histérica es un arte, una manera de sostenerse en la falta mientras se reclama ser vista” (Tendlarz, 2010, p. 73). Cada lágrima de Vicky es una pincelada en su lienzo de dolor, una carta de amor mal dirigida que Daniel nunca leerá y que sus amigas, absortas en sus vidas, apenas notan. La histeria de Vicky no busca resolver su deseo, sino mantenerlo vivo en el borde de lo imposible, un juego que la serie retrata con un humor tan ácido como conmovedor
Lacan, primera enseñanza: El deseo como falta y el amor como don vacío 

Antes de adentrarnos en los seminarios tardíos, recorramos la primera enseñanza de Lacan, donde el deseo y el amor se anudan en la dialéctica de la falta. En el Seminario 5 (Las formaciones del inconsciente), Lacan afirma: “Amar es, en efecto, dar lo que no se tiene” (Lacan, 1957-1958/1999, p. 39). Esta idea resuena en el episodio 2, cuando Vicky, aún dolida por la ruptura, le lanza un ultimátum a Daniel en un café: “O nos casamos o te dejo”. Le ofrece un compromiso que ella misma no puede sostener —su anhelo de ser “la esposa”—, un regalo que es puro vacío, pues su deseo está castrado por la imposibilidad de completarse en el Otro. Daniel, incapaz de recibir esa falta, la abandona, y Vicky queda atrapada en su propia carencia, un eco de lo que Lacan desarrolla en el Seminario 6: “El deseo es deseo del Otro, pero nunca se colma porque el Otro no lo tiene todo” (Lacan, 1958-1959/2006, p. 102). Este mecanismo se repite con Nicolás, el jefe carismático y mujeriego. En el episodio 6, Vicky lo seduce en una cena de trabajo, vestida con un escote que grita “mírame”. Le ofrece su vulnerabilidad disfrazada de seguridad, pero Nicolás responde con un coqueteo superficial que no la reconoce como sujeto. Aquí, el amor es un malentendido estructural: Vicky da lo que no tiene (una identidad sólida) a alguien que no lo es (un partenaire completo). La escena termina con ella sola en un taxi, mirando por la ventana con una mezcla de furia y melancolía, un retrato perfecto de la falta lacaniana. Este tango de desencuentros, donde el deseo se sostiene en lo que no se dice, es el preludio a las elaboraciones más complejas de Lacan, pero ya muestra cómo Vicky vive el amor como un don imposible, una danza que la serie tiñe de ironía y suspiros.

La no relación sexual y la envidia como síntoma del deseo 

El Seminario 19 (…o peor) marca un giro radical: “No hay relación sexual” (Lacan, 1971-1972/2012, p. 19). Esta ausencia estructural atraviesa Envidiosa como un hilo invisible. En el episodio 7, Vicky y Matías, el vecino amable que siempre está ahí, comparten un momento de cercanía: él la consuela tras un día horrible, y sus manos se rozan sobre el sillón. Podría ser el comienzo de algo, pero Vicky lo interrumpe abruptamente, obsesionada con Nicolás. No hay armonía posible porque, como dice Lacan, el amor es un suplemento para tapar esa falla primordial: los sexos no se complementan, y el deseo se pierde en el malentendido (Lacan, 1971-1972/2012, p. 45). Pilar Ordóñez lo desarrolla con precisión: “El amor surge de la contingencia y disfraza la imposibilidad de lo sexual” (Ordóñez, 2018, p. 23). En Lo imposible del amor, Ordóñez argumenta que esta contingencia es tanto límite como potencia: “El sujeto ama porque no hay garantía, y en ese riesgo se juega el deseo” (Ordóñez, 2020, p. 67). La envidia de Vicky, que estalla en el episodio 9 cuando Lu presume su anillo de compromiso, no es solo celos; es el síntoma de un deseo que se alimenta de lo que le falta. Ella proyecta en sus amigas una completud imaginaria —la “mujer casada” que nunca será— y sufre por esa ausencia, pero también se sostiene en ella. Ordóñez añade: “La envidia histérica es una manera de tocar el vacío del Otro, de hacerlo existir” (Ordóñez, 2016, p. 28). Vicky no quiere el matrimonio en sí, sino el reconocimiento que supone; su carrera en esa dirección, llena de tropiezos cómicos, es una danza alrededor de lo imposible que la serie retrata con un brillo tragicómico. 

El goce femenino y el no-todo

 El Seminario 20 (Aún) nos lleva al corazón del goce, distinguiendo el goce fálico —limitado por el significante— del goce Otro, ese “más allá” que caracteriza a la posición femenina (Lacan, 1972-1973/2011, p. 78). En el episodio 11, tras un nuevo rechazo de Nicolás, Vicky organiza una noche de chicas: baila con Carolina y Lu en un bar, ríe hasta las lágrimas y, por un momento, olvida su desamor. Marie-Hélène Brousse lo explica: “El goce femenino escapa al orden fálico; es un exceso que no se nombra ni se captura” (Brousse, 2003, p. 40). Este instante no es solo catarsis; es un goce suplementario que no depende de un hombre ni del mandato social. Vicky, con su vestido desarreglado y su risa desbocada, toca ese “no-todo”: no está toda en la lógica del compromiso que la atormenta, sino que encuentra un placer en su propia falta. Gabriela Grinbaum, en Una mujer sin maquillaje, profundiza esta idea: “La mujer goza en su soledad, en un espacio que no necesita la mirada del Otro para existir” (Grinbaum, 2019, p. 87). Vicky encarna esto cuando, en el episodio 13, tras un día de envidia y peleas, se sienta sola en su balcón con una copa de vino y murmura: “Al final, estoy bien así”. Grinbaum añade: “Ese goce no-todo es una resistencia al ideal de completud que el patriarcado impone” (Grinbaum, 2019, p. 102). La serie juega con esta ambivalencia: Vicky sufre por no encajar en el molde, pero en sus momentos de soledad brilla un goce que la hace única, un destello que Siciliani interpreta con una mezcla de fragilidad y fuerza. Graciela Brodsky retoma la fórmula lacaniana del amor —“dar lo que no se tiene a alguien que no lo es”— y la despliega con poesía: “Es un don que se ofrece en la fragilidad, un salto al vacío que no asegura nada” (Brodsky, 2012, p. 19). En el episodio 10, Matías le lleva a Vicky un plato de comida casera tras un día caótico; ella, a cambio, le cuenta entre risas sus desastres amorosos. No hay promesas ni grandes gestos, solo dos faltas que se cruzan. De esta manera surge algo como “el milagro del amor: sostenerse en lo que no está” (Brodsky, 2012, p. 22). Este intercambio, tan simple como conmovedor, es el contrapunto a las fantasías grandilocuentes de Vicky con Nicolás, y la serie lo envuelve en un humor tierno que nos hace suspirar. 

Una invención singular 

En el Seminario 23 (El sinthome), Lacan propone una salida creativa: el sinthome como un anudamiento singular del goce que permite vivir con lo imposible (Lacan, 1975-1976/2005, p. 89). En el episodio 12, Vicky, agotada de envidiar y perseguir ideales ajenos, empieza a escribir un diario mordaz sobre sus desventuras amorosas. Lo que comienza como un desahogo se convierte en un blog que sus amigas leen entre risas: “Cómo arruinar tu vida amorosa en diez pasos”. Vilma Coccoz señala las operaciones de este orden como: “El sinthome es el arte de hacer con la falla un modo de estar en el mundo” (Coccoz, 2015, p. 70). Este acto no resuelve su deseo, pero lo transforma: la envidia de Vicky, antes un peso, se vuelve un relato que la sostiene. Para Matías, el sinthome aparece en su cocina. En el episodio 14, tras meses de ser el “amigo eterno”, prepara una cena para Vicky y sus amigas, un ritual que lo saca de su pasividad. Coccoz lo amplía: “El sinthome no es una cura, sino un lazo nuevo con el Otro, cosido desde la singularidad” (Coccoz, 2017, p. 45). Este gesto, que la serie muestra con un plano de Matías cortando verduras mientras Vicky lo observa con curiosidad, no promete romance, pero anuda su relación de una manera inesperada. El final de la temporada deja a Vicky y Matías en un terreno ambiguo: no hay pareja ideal, sino un signo de amor frágil, un patchwork que los salva del abismo con un toque de humor. 

La contingencia como chispa del amor 

El Seminario 24 (L’insu que sait…) subraya la contingencia como el origen del amor (Lacan, 1976-1977). En el episodio 1, Vicky y Matías se conocen por un accidente: ella, llorando en el pasillo tras la ruptura, choca con él, que le ofrece un pañuelo con torpeza. Liliana Aguilar lo analiza: “El amor nace de lo imprevisto, pero se hace necesidad por cómo el sujeto lo escribe” (Aguilar, 2019, p. 50). En Contingencia y deseo, Aguilar agrega: “Es un encuentro que no estaba escrito, pero que el deseo convierte en destino” (Aguilar, 2021, p. 36). Vicky transforma ese azar en un vínculo al buscar a Matías una y otra vez: en el episodio 5, lo llama para quejarse de Nicolás; en el 13, le pide ayuda con una cañería rota. Cada enredo —la aventura fallida con Nicolás, las peleas con Daniel— es una contingencia que ella teje con desesperación y gracia, un reflejo del goce que se cuela en sus pasos en falso. Aguilar también conecta esto con el feminismo: “La mujer, al apropiarse de lo contingente, desafía la narrativa lineal del amor patriarcal” (Aguilar, 2019, p. 53). Vicky no espera un príncipe; tropieza, cae y se levanta, haciendo del caos su propio guion. La serie lo muestra con un ritmo vertiginoso: cada capítulo es un malentendido que termina en risas o lágrimas, un recordatorio de que el amor, para Lacan, no es certeza, sino apuesta. 

Feminidad y feminismo: entre el no-todo y la rebeldía

 La feminidad de Vicky se despliega en su ambivalencia, un eco del Seminario 20. Pilar Ordóñez, en El reverso de la feminidad, sostiene: “La mujer lacaniana no es un ser, sino un hacer con la falta” (Ordóñez, 2016, p. 15). En el episodio 8, Nicolás le propone una relación abierta, y Vicky lo rechaza con un “no quiero ser tu trofeo”. Este “no” es un acto de libertad, como dice Ordóñez: “La posición femenina se juega en negarse a ser toda para el Otro” (Ordóñez, 2020, p. 35). Vicky no se define por el matrimonio ni por Nicolás; su envidia es también un rechazo al mandato de completud. En Feminidad y contingencia, Ordóñez añade: “Es un hacer que no busca cerrar, sino abrir lo imposible” (Ordóñez, 2018, p. 27). La serie lo captura cuando Vicky, en el episodio 15, decide viajar sola: no resuelve su crisis, pero la abraza con una sonrisa. Liliana Aguilar lleva esto al feminismo: “Decir no es reescribir el lazo social desde la posición femenina” (Aguilar, 2019, p. 52). Vicky no solo envidia; reclama un deseo propio, un eco de las luchas feministas que la serie tiñe de humor y ternura. En el episodio 9, cuando confronta a Lu por su “vida perfecta”, no pide imitarla, sino ser vista en su diferencia, “una rebelión que no busca el poder, sino la singularidad” (Aguilar, 2021, p. 38). Vicky es histérica, sí, pero también femenina y subversiva, una heroína que la serie celebra con picardía. 

El amor como un ovillo deshilachado que Vicky teje con destreza 

Envidiosa no nos entrega a Vicky Mori en un final feliz de cuento, sino en el borde de un ovillo deshilachado que ella, con sus manos torpes y su corazón histérico, aprende a tejer de un modo nuevo. Freud nos mostró su cuerpo como un grito; Lacan, desde su primera enseñanza, reveló que su amor es dar lo que no tiene —un vacío que Daniel y Nicolás no saben recibir— y, en los seminarios tardíos, nos enseñó que no hay relación sexual, solo una falta estructural que el deseo envuelve en envidia y el goce desborda en risas solitarias. Pero es con el sinthome, ese arte de Vicky de transformar su caos en un blog mordaz, donde se dibuja una luz inesperada: el amor no es un nudo perfecto, sino un enredo que no se resuelve, un “no-todo” que ella abraza con un guiño. Operación que nos susurra que la histérica goza de su queja, y Vicky lo hace con maestría: sus lágrimas son tinta, su envidia un motor. Amar es saltar al vacío, y en cada tropiezo con Matías, Vicky salta sin red, tejiendo un lazo que no promete nada pero lo sostiene todo. En su goce femenino se capta un baile en soledad que no necesita príncipes, un exceso que desarma el mandato. En su “no” hay una apertura a lo imposible, un rechazo que la hace libre. Celebra su contingencia: Vicky ya no espera, inventa. Corona su sinthome: un patchwork que hace habitable lo inhabitable. Entonces, ¿qué nos deja Vicky? Una genialidad escondida en su torpeza: el amor, con su falta y su no relación sexual, es un ovillo que se deshace eternamente, pero que en manos de una histérica como ella se convierte en un arte de hilvanar retazos. No hay final cerrado, no hay “felices para siempre”; hay un goce que se ríe de sí mismo, un deseo que no encuentra su objeto pero sí su chispa, y una inventiva que transforma el desamor en un relato tan hilarante como conmovedor. Envidiosa nos dice, con Vicky a la cabeza, que el amor no es completarse, sino bordar con los hilos rotos un tapiz singular: deshilachado, sí, pero bellísimo. 


Referencias 

  • Aguilar, L. (2019). La mujer y el lazo social: Una lectura lacaniana. Revista Lacaniana, 26, 45-54.
  • Aguilar, L. (2021). Contingencia y deseo en el amor. En Lacaniana Nº 15 (pp. 33-40). Grama Ediciones. 
  • Brodsky, G. (2012). Partenaires: El amor en la enseñanza de Lacan. En G. Brodsky (Ed.), Lacaniana Nº 13 (pp. 15-23). Grama Ediciones. 
  • Brousse, M.-H. (2003). Lo femenino y el no-todo. Lacaniana 22, 34-47. 
  • Coccoz, V. (2015). El pase de Freud y el sinthome. En Lacaniana Nº 13 (pp. 67-74). Grama Ediciones.
  • Coccoz, V. (2017). El sinthome como invención. Revista Enlaces, 22, 40-48.
  • Freud, S. (1986). Tres ensayos sobre teoría sexual. En J. Strachey (Ed.), Obras completas (Vol. VII, pp. 123-245). Amorrortu. (Trabajo original publicado en 1905)
  • Grinbaum, G. (2019). Una mujer sin maquillaje. Grama Ediciones. 
  • Lacan, J. (1999). El seminario, libro 5: Las formaciones del inconsciente. Paidós. (Trabajo original impartido en 1957-1958) 
  • Lacan, J. (2006). El seminario, libro 6: El deseo y su interpretación. Paidós. (Trabajo original impartido en 1958-1959) 
  • Lacan, J. (2012). El seminario, libro 19: …o peor. Paidós. (Trabajo original impartido en 1971-1972) 
  • Lacan, J. (2011). El seminario, libro 20: Aún. Paidós. (Trabajo original impartido en 1972-1973) 
  • Lacan, J. (2005). El seminario, libro 23: El sinthome. Paidós. (Trabajo original impartido en 1975-1976)
  • Lacan, J. (1976-1977). El seminario, libro 24: L’insu que sait de l’une-bévue s’aile à mourre. Inédito.
  • Ordóñez, P. (2016). El reverso de la feminidad. En Lacan 21. Recuperado de http://www.lacan21.com 
  • Ordóñez, P. (2018). Feminidad y contingencia. En Lacan 21. Recuperado de http://www.lacan21.com
  • Ordóñez, P. (2020). Lo imposible del amor. Grama Ediciones. 
  • Tendlarz, S. (2005). La histeria revisitada: Deseo y goce. Letra Viva. 
  • Tendlarz, S. (2010). El goce en la clínica. En Revista Enlaces, 15, 65-78.

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