Choose Life: Trainspotting y el goce hipermoderno
Choose Life: Trainspotting y el goce hipermoderno
Trainspotting (1996), dirigida por Danny Boyle y basada en la novela de Irvine Welsh, no es solo un retrato crudo de la adicción, sino un diagnóstico implacable de la subjetividad hipermoderna. En una Escocia postindustrial devastada por el colapso económico y el ascenso neoliberal, la película expone los abismos del consumo de drogas como expresión de un goce desencadenado, un rechazo radical a los ideales normativos y una apuesta por un aislamiento autárquico que sustituye al Otro simbólico. Este análisis, anclado en el psicoanálisis freudiano y lacaniano, y enriquecido por las lecturas de Miller, Laurent, Sinatra y los autores de TyA, desentraña cómo la heroína opera como paliativo, objeto a y partenaire estructural, revelando un sujeto atrapado entre el imperativo de gozar y la precaria construcción de un sinthome.
Las drogas como paliativo y el horizonte del goce
Sigmund Freud, en El malestar en la cultura, plantea las drogas como uno de los escasos recursos frente al sufrimiento inherente a la civilización: “Hay quizá tres recursos de este tipo: actividades que distraigan poderosamente, satisfacciones sustitutivas y sustancias embriagadoras” (Freud, 1930/2010, p. 75). Este paliativo, sin embargo, es ambivalente: amortigua el conflicto entre las pulsiones y las exigencias del superyó, pero su carácter efímero lo convierte en una solución ilusoria que perpetúa la alienación. En Más allá del principio del placer (1920), Freud introduce la pulsión de muerte como una tendencia regresiva que subyace a esta búsqueda de alivio, un retorno al estado inorgánico que las drogas parecen encarnar en su dimensión autodestructiva.
Jacques Lacan retoma esta tensión y la desplaza al registro del goce. En el Seminario 7, Das Ding emerge como el núcleo perdido del goce, “lo que del ser se presenta como lo más próximo y lo más lejano” (Lacan, 1959-1960/1986, p. 65), un vacío que el sujeto intenta colmar con objetos sustitutos. Las drogas, como objeto a, prometen esa plenitud, pero su exceso las sitúa en el terreno del goce tóxico: “El goce es lo que no sirve para nada” (Lacan, 1972-1973/1999, p. 23), sentencia en el Seminario 20. Este exceso, que desborda el principio del placer, encuentra una formulación explícita en la Jornada de Clausura de la Escuela Freudiana de París (1976), donde Lacan vincula las drogas al declive del Nombre del Padre: “Las drogas son un modo de goce que se impone cuando el Nombre del Padre declina, un sustituto que el sujeto encuentra para soportar lo real” (Lacan, 1976, citado en Miller, 2005). Aquí, el consumo no es un accidente, sino un síntoma estructural de la modernidad, un intento de anudar el goce en ausencia de la mediación simbólica.
En Trainspotting, Mark Renton y sus compañeros encarnan esta lógica con una intensidad devastadora. El monólogo inicial—“Choose Life” (“Elige la vida”)—es un rechazo mordaz a los mandatos del Otro social, una apuesta por un goce solitario que la heroína promete estabilizar. Cuando Renton describe la “mejor dosis”—“Toma la mejor droga del mundo y multiplícala por mil” (Boyle, 1996)—, su hundimiento en la alfombra evoca esa búsqueda de Das Ding: un instante de suspensión que oblitera el malestar existencial, pero que, como advierte Lacan, no clausura la falta, sino que la relanza en un circuito de repetición.
El goce hipermoderno y la disolución del Otro
Jacques-Alain Miller radicaliza esta perspectiva al situar el goce hipermoderno en el ascenso del objeto a como amo: “El objeto a se ha convertido en el amo de la civilización” (Miller, 2005, p. 12). El declive del Nombre del Padre—la instancia que antaño regulaba el goce mediante la ley simbólica—da paso a una relación inmediata con los objetos de consumo, entre ellos las drogas. Este desplazamiento no es meramente individual; refleja una mutación estructural donde el imperativo de gozar suplanta las narrativas de sentido. Éric Laurent complementa esta tesis al caracterizar el goce contemporáneo como autista: “El sujeto moderno se sirve voluntariamente a un goce que no necesita del Otro” (Laurent, 2007, p. 34). En esta “toxicomanía generalizada”, el consumo trasciende al toxicómano y se instala como un rasgo de la época, un síntoma del colapso de las mediaciones simbólicas.
Trainspotting ofrece un escenario paradigmático para esta lectura. La Escocia de los 90, marcada por la desindustrialización y el neoliberalismo, es un desierto simbólico donde “el Otro no existe” (Lacan, 1975-1976/2005, p. 88). Los personajes no buscan reconocimiento ni integración; su elección de “no elegir la vida” es un acto deliberado que encarna el rechazo al lazo social. La muerte de Tommy, tras una ruptura que lo arroja a la heroína y a la autodestrucción, ilustra esta dinámica con crudeza: la droga sustituye al Otro perdido, funcionando como un paliativo frente a la castración, pero su exceso lo precipita al abismo. Este aislamiento radical, que Miller y Laurent vinculan al declive de la autoridad simbólica, sitúa a los personajes en un goce que no dialoga, sino que se repliega sobre sí mismo.
La función del tóxico y el antiamor: la lógica del partenaire
Ernesto Sinatra aporta una dimensión estructural al definir la sustancia tóxica como un partenaire privilegiado: “La droga no es un objeto cualquiera, es un partenaire que localiza el goce y lo fija en un punto” (Sinatra, 2018, p. 45). Este partenaire no responde ni demanda como el Otro simbólico; ofrece una presencia muda que regula la relación del sujeto con lo real, amortiguando la angustia y colmando el vacío de la castración. Sin embargo, su estabilidad es precaria: “El tóxico estabiliza, pero su exceso lo lleva al borde” (Sinatra, 2018, p. 50). Más aún, Sinatra plantea la toxicomanía como antiamor: “El toxicómano no ama, no se entrega al Otro; la droga es un partenaire que no pide nada” (Sinatra, 2018, p. 72). Este goce autista se opone al goce Uno, un goce singular del cuerpo que Lacan desarrolla en el Seminario 23 como autónomo y no mediado por objetos externos (Lacan, 1975-1976/2005).
En Trainspotting, la heroína es el partenaire de Renton, un sustituto que lo aísla afectivamente. Su distanciamiento de Diane o de sus amigos refleja ese rechazo al encuentro que Sinatra identifica como antiamor. Sin embargo, la abstinencia lo confronta con el delirium tremens—alucinaciones como el bebé en el techo—, donde lo real irrumpe con una violencia que desborda el arreglo tóxico. Este colapso evidencia los límites del partenaire: su función de dique depende de su presencia, y su ausencia expone al sujeto a un goce desnudo que amenaza con aniquilarlo (Sinatra, 2018, p. 50).
Goce, pulsión y satisfacción: El borde mortífero del circuito
Lacan define la pulsión como un circuito que no persigue un objeto, sino que lo bordea: “La pulsión no va hacia un objeto, sino que lo rodea” (Lacan, 1964/1991, p. 179). En el Seminario 11, distingue la pulsión del instinto: mientras este apunta a un fin adaptativo, la pulsión se satisface en su propio recorrido, generando un plus-de-gozar que excede el principio del placer. Este plus es el excedente que Freud vincula a la pulsión de muerte en Más allá del principio del placer (1920), una tendencia a disolver la tensión vital en un retorno al estado inorgánico. Lacan, en el Seminario 7, relaciona este exceso con la ética del psicoanálisis: el sujeto debe atravesar el goce más allá del bien, un desafío que implica confrontar su dimensión mortífera.
En Trainspotting, la heroína encarna este señuelo pulsional. Renton no consume para alcanzar un fin externo, sino para sostener un goce que “no sirve para nada” (Lacan, 1972-1973/1999, p. 23). La “mejor dosis” es un instante de plenitud que suspende el mundo, pero no resuelve la pulsión; la relanza en un bucle de repetición. Las sobredosis y recaídas son el testimonio de este borde: la pulsión de muerte se manifiesta en el coqueteo con la aniquilación, un riesgo que el sujeto asume para anudar su goce al cuerpo. En el Seminario 17, Lacan introduce el discurso del capitalista como una máquina de goce que exacerba esta lógica: “El discurso del capitalista es el que empuja al sujeto a gozar sin límite” (Lacan, 1969-1970/1991, p. 78). La heroína, en este contexto, es un producto de consumo que promete cerrar el circuito pulsional, pero lo perpetúa en una deriva letal.
La decisión final de Renton—robar el dinero y “elegir la vida”—sugiere un desplazamiento. El dinero, como nuevo objeto a, no suprime la pulsión, sino que reorienta su trayectoria hacia un goce menos dependiente del tóxico. Este giro no es una reconciliación con el Otro social, sino un intento de sinthome que trasciende la pura repetición mortífera, un tema que exploraremos en detalle.
Toxicomanía y perversión: la clínica del exceso y las diferentes presentaciones con el uso de las drogas.
Fabián Naparstek (2015) concibe la toxicomanía como un “enganche” con el objeto tóxico, un anclaje que estabiliza al sujeto en un mundo sin consistencia simbólica. Este enganche no es un hábito fisiológico, sino un arreglo subjetivo que responde al vacío del Otro. En Renton, se manifiesta en sus recaídas, donde la heroína es un punto fijo que ordena su caos existencial, un sinthome precario que lo sostiene al borde del abismo.
Hugo Freda (2010) relaciona la toxicomanía con la perversión, una perspectiva que ilumina a Begbie y Sick Boy. Begbie, con su violencia sádica, y Sick Boy, con su cinismo manipulador, encarnan un goce que trasciende la droga. Freda argumenta que el toxicómano y el perverso comparten un desafío a la ley simbólica, pero con una diferencia estructural: el perverso instrumentaliza al Otro para sostener su goce, mientras el toxicómano lo suprime, reemplazándolo por el objeto tóxico. En Trainspotting, esta tensión se despliega en la coexistencia de la servidumbre de Renton a la heroína y los excesos descontrolados de Begbie, dos modos de goce que rechazan el lazo social desde ángulos distintos.
Luis Darío Salamone (2018) propone un tratamiento singular frente a la toxicomanía, criticando la rehabilitación coercitiva que Renton desprecia. “Choose Life” como burla es, para Salamone, una resistencia a la cura normativa, una apuesta por construir un sinthome que respete la singularidad del goce tóxico. Este enfoque no busca reintegrar al sujeto al Otro, sino acompañarlo en un desplazamiento del objeto que lo sostiene, una clínica que resuena con la decisión final de Renton de reconfigurar su relación con el goce.
Mauricio Tarrab (2008) sentencia que “el goce es tóxico” (p. 15), una afirmación que atraviesa la autodestrucción de los personajes. Tarrab ve en la toxicidad un rasgo estructural del goce hipermoderno, un desborde que no se limita a las drogas, sino que impregna la subjetividad contemporánea. La muerte de Tommy y las alucinaciones de Renton son ejemplos clínicos de este exceso: cuando el tóxico pierde su función de dique, el goce se torna devastador.
¿Un posible sinthome?: Entre la servidumbre tóxica y el goce singular
El sinthome, desarrollado por Lacan en el Seminario 23, es un nudo singular que sostiene al sujeto más allá de las estructuras clásicas: “El sinthome es lo que hay de singular en cada uno” (Lacan, 1975-1976/2005, p. 11). A diferencia del síntoma, que porta un mensaje descifrable para el Otro, el sinthome es un modo de goce irreductible, un saber hacer con lo real que no requiere mediación simbólica. En Trainspotting, la heroína opera inicialmente como un sinthome precario para Renton: anuda su goce al cuerpo y le permite habitar un mundo sin Otro consistente. Sin embargo, su dependencia del tóxico lo lleva al borde, como en las sobredosis o el delirium tremens, donde lo real irrumpe con una intensidad que amenaza su existencia.
El pasaje ocurre al final, cuando Renton roba el dinero y opta por “elegir la vida” (Boyle, 1996). Este acto no es una cura normativa, sino una reconfiguración al estilo de un posible sinthome. El dinero desplaza a la heroína como objeto a, sugiriendo un goce más autónomo: “El sinthome es lo que permite al sujeto vivir con su goce sin ser esclavo de él” (Lacan, 1975-1976/2005, p. 78). Este desplazamiento evoca el goce Uno, un goce del cuerpo que no depende de un partenaire externo. Aunque el consumismo no es una liberación absoluta, este giro apunta a un posible anudamiento singular que trasciende la servidumbre tóxica. En contraste, Spud permanece atrapado en la repetición, y Tommy sucumbe al goce mortífero, subrayando la fragilidad de estos arreglos frente a lo real.
El sujeto hipermoderno en el espejo de Trainspotting
Trainspotting diagnostica un sujeto hipermoderno atrapado entre el goce tóxico y la búsqueda de otra solución. Desde Freud, la droga es un paliativo frente al malestar; para Lacan, un sustituto del Otro que colma el vacío de la modernidad; en Miller y Laurent, un síntoma de la toxicomanía generalizada; en Sinatra, un partenaire y antiamor. Los ejemplos clínicos—la “mejor dosis” como éxtasis efímero, el delirium tremens como irrupción de lo real, la muerte de Tommy como colapso del lazo, la decisión de Renton como reconfiguración—iluminan estas dinámicas con una precisión desgarradora. El sinthome, inicialmente servil a la heroína, evoluciona hacia un goce singular, reflejando el rechazo al Otro en una época donde el imperativo de gozar suplanta las promesas de sentido. Así, la película se erige como un espejo implacable de nuestra condición, un testimonio del sujeto contemporáneo a solas con su exceso.
Referencias
Bassols, M. (2017). El goce queer y la orientación
lacaniana. Paidós.
Boyle, D. (Director). (1996). Trainspotting [Película]. Channel Four
Films.
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Freud, S. (2010). El malestar en la cultura (Originalmente publicado en
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Freud, S. (1920). Más allá del principio del placer. Amorrortu Editores.
Gorostiza, L. (2012). La última enseñanza de Lacan. EOL Ediciones.
Lacan, J. (1986). El seminario 7: La ética del psicoanálisis
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psicoanálisis (Originalmente impartido en 1964). Paidós.
Lacan, J. (1991). El seminario 17: El reverso del psicoanálisis
(Originalmente impartido en 1969-1970). Paidós.
Lacan, J. (1999). El seminario 20: Aún (Originalmente impartido en
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Lacan, J. (2005). El seminario 23: El sinthome (Originalmente impartido
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Lacan, J. (1976). Jornada de Clausura de la Escuela Freudiana de París.
Citado en Miller, J.-A. (2005).
Laurent, É. (2007). La servidumbre voluntaria y la pregunta por la mujer en el
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Miller, J.-A. (2005). Una fantasía. Mediodicho, 32, 7-15.
Naparstek, F. (2015). Enganches y desenganches en la toxicomanía. Conferencias
TyA, 12-18.
Salamone, L. D. (2018). Entrevista con Didier Velásquez. Revista TyA, 8,
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Sinatra, E. (2018). Adixiones. Grama.
Tarrab, M. (2008). El goce es tóxico. Revista TyA, 3, 10-16.
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